Una Historia a Color

Una  Historia A Color

Por: Julio Páramo.

La lluvia cubría con ligeras gotas grises sus parpados azulinos en charcos inmóviles de virginal pureza, al terminar de  escuchar un waltz de Strauss. La aguja del fonógrafo RCA Víctor, resonaba en un singular latido de corazón; Ofelia sostenía una botella de Scotch entre sus dulces manos, observando todo lo que sucedía a su alrededor, sintiéndose una  reina, admiraba el dibujo del Fox Terrier oyendo el gramófono berliner.

Después de mis clases de rumano, solíamos recorrer las calles abrazados  por la ciudad de piedra. En el instante eterno del  cambio de luces del semáforo, le prestaba mucha  atención a su pequeña nariz y a sus ojos de mariposa, recuerdo a Ofelia caminar al borde  de la vereda con su walkman, dando largos pasos en compañía de Prokofiev.

Al día siguiente me lustraba los zapatos profusamente y me arreglaba el saco para dirigirme a su casa para escucharla cantar como sirena y conversar sobre temas  fútiles, solía mirarla fijamente,  pero las luces de su jardín parecían desenfocarla; le hastiaban profundamente los libros de caballería y prefería leer los tebeos y las historias rosas que por aquellos días escribía en el semanario de la ciudad.

Me ocultaba de ella, cuando dibujaba corazones en el aire, me  situaba  detrás de un árbol para contemplar sus muslos carnosos y abultados, sus senos aspiraban todo el aire de la tarde y sus pestañas se cerraban al momento de voltear las páginas de sus revistas de moda.

Ella decía ¡oh, yeah! Y repetía constantemente ¡oh, honey please! Su voz alcanzaba un tono suplicante para que cambiara el cassette de Boby Vinton por algo más actual, por aquellos días era mi costumbre cargarla por la cuesta de Santa Ana, arrancando suavemente las raíces que brotaban de su pelo. Me quedaba junto a ella todos los sábados viendo televisión o algún enlatado americano, yerto entre sus piernas.

¡Don’t look! Repetía incesantemente cubriéndose con las sabanas  al momento de correr hacia la tina, remojaba sus piernas de leche en agua tibia, cruzándolas delicadamente, para lavarlas con abundante espuma de jabón.

Ella me dejo una tarde roja y comunista, cuando las nubes coloreaban las calzadas de la ciudad imperial.

Soundtrack

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