La Vida Bohéme

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Publicado en: La Tundra U.K

Escribe: Mauricio Babilonia

Candado y cresta, es nuestra fiesta dicen los estribillos que encandilan y se escuchan en la letra de “Radio Capital”, una canción con mucha repercusión en los medios musicales de Latinoamérica, y que se ha convertido en un éxito musical desde el primer instante, valga la redundancia, uno de los primeros éxitos de la banda. La vida Bohéme hace evocar a Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, ya que tiene el espíritu de alma salvaje y llanera de Venezuela. Nuestra (2010) fue su disco debut alcanzando una gran proyección internacional donde se guardaron, con mucho tino, sus raíces venezolanas. A este grupo se le puede definir como “disco punk latino” o “neo-folk”, pero más allá de las etiquetas superfluas La Vida Bohéme es una banda excelsa ensamblada por grandes canciones como “Calle Barcelona”, “El sentimiento ha muerto”, “Huxley”, “Sandinista” o simplemente “Danz”. Henry D´Arthenay (primera voz y guitarra) es el compositor de estas canciones que atraen por su versatilidad y por la mezcla de compases electrónicos donde se nota la influencia de los mejores grupos del indie inglés, agregándole la pintura derramada que lucen en sus conciertos, muy al estilo de Stone Roses. Premiada como Mejor Álbum de Rock en los Latin Grammy (2013) y de participar en varios conciertos por su última producción Será, La Vida Bohéme goza de la aceptación y del beneplácito del público que asiste masivamente a sus conciertos. Para lograr el éxito sólo bastan ciertas canciones pegajosas con el repetitivo gabba hey, gabba hey canturreado por Los Ramones e inspiradas en la película Freaks de Tod Browning. En la red circula un pequeño documental en donde se les puede ver interpretando sus canciones más populares. No es por nada que su nombre alude a una de las composiciones del genio italiano de la ópera, Giacomo Puccini. 

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 3.000 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 50 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Las Aventuras Y Desventuras De Un Portuguesito Valiente

“La Reliquia”

Por: Mauricio Babilonia.

  la reliquiaLa Reliquia, es una novela escrita en las postrimerías del siglo XIX, por el gran novelista “José Maria Eça de Queirós” llamado  el Balzac  portugués, y conocido  por su obra fundamental “Os Maia”.

 “El Realismo” era la corriente literaria de la época y Francia,  continuaba siendo el   centro de las letras en el mundo. Honoré de Balzac se erigía  como  su principal  representante.  A lo largo de su vida,  pasó por una  serie de    precariedades y vicisitudes, escribía y bebía  café negro hasta altas horas de la  noche, hasta ir deteriorando de a pocos su salud. Por aquel entonces Balzac se nutría de los grandes salones parisinos y las fiestas de la aristocracia,  retratando a la sociedad francesa como un  verdadero pintor, admiraba a la alta alcurnia, pero a la vez era su más grande detractor. En su vasta carrera de prosista se convirtió en un gran esteta y maestro de las costumbres de aquel estamento social, en sus inicios escribía  al servicio de editores no siempre escrupulosos, condensando su obra en: “La Comedia Humana”.  Tenía un busto de Napoleón en su escritorio del que  colgaba un cartel: “Lo que no llegó él a conseguir con la espada lo realizaré yo con la pluma”, sin duda alguna un  –Genio-.

 Eça de Queirós era un escritor empedernido y obsesionado al igual que Balzac, La Reliquia no es una de sus novelas más importantes como “Os Maias” o “El Crimen del Padre Amaro” llevada al cine y actuada por Gael García Bernal. En el que retrata los avatares de la vida de su  personaje principal y héroe de aquellos días don “Teodorico Raposo”, huérfano a temprana edad e internado desde muy niño en un colegio religioso, convirtiéndose en abogado. A su vez se encuentra  condenado a los designios y buena voluntad de su tía “Doña Patrocinio de las Nieves”. Una mujer envejecida entre los palios y cálices de una retrógrada  iglesia católica, además de ser  la principal  benefactora de estos últimos. Ella por su parte es  una mujer pacata y obsesionada, a la que dedica  buena parte del día a rezos y reflexiones de carácter católico, empero odia sobre todo el  amor humano(carnal), llenándola de una honda repugnancia. Es un personaje lleno de hipocresía y doble moral, quién heredo la  mala fortuna de un personaje sin escrúpulos llamado G. Godinho, retratado magistralmente por Eça de Queirós .

Teodorico Raposo gusta de la buena vida, y el buen pasar económico,  aspira  a heredar  la fortuna de su tía, siguiendo al pie de la letra todos sus designios y deseos, asiste a novenas y misas de las iglesias de Lisboa, una ciudad que sirve de telón de fondo, siendo testigo de sus desventuras. En su larga búsqueda interminable de diversión y de delectaciones, se ira tornado en un  pícaro irrefrenable, quedando cautivado  por una hermosa mujer, pero  desilusionado muy tempranamente,  por ser una mujer manipuladora y aprovechadora de la buena fortuna de la que goza hasta aquel instante de su vida.

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Para complacer a su tía decide  realizar un viaje a Jerusalén “La Tierra Santa”, asignándole  traer consigo una misteriosa “Reliquia”. Dicho sea de paso, las reliquias eran muy apreciadas,  porque brindaban a sus poseedores la ansiada paz espiritual, incluso  podían tener poderes sobrenaturales y curativos por pertenecer a algún personaje santo, iniciándose con ello un tráfico irreprimible de estas.

En su primera escala de viaje  a Egipto, conocerá una dama de compañía inglesa con la que mantendrá una relación sentimental,  y estará siempre presente en sus más recónditos recuerdos. En su ruta a Medio Oriente, le acompañara un historiador alemán “Topsius” un hombre dilecto y leído que  se convertirá  en  su fiel compañero y guía, a la vez es un investigador y gran narrador  de los pasajes bíblicos que se cuenta en  buena parte del libro, contado con gran pericia y precisión,  pero  que en algunas páginas son soporíferas e insoportables. Los pasajes del Gólgota  y del  Santo sepulcro  están inundados de vendedores y mercachifles de souvenirs de todo tipo, empero la ciudad santa esconde diversión para los viajeros, con dinero.

Hasta  hallar  finalmente la preciada reliquia, que  finalmente será confundida y descubierta como  prenda íntima de la inglesa con quien entablo relación en Alejandría,  descubierta por su gazmoña tía y  su fiel séquito de acompañantes. Al final Raposo será expulsado de la gran casa de su tía,   quedando desheredado. Teodorico, hundido en un profundo pesar, lamentándose profundamente de aquel hecho funesto del extravió de la reliquia, iniciará una empresa de reliquias bíblicas con las que subsistirá un buen tiempo, hasta conseguir un empleo digno con un antiguo amigo suyo. La novela tiene  un final ambiguo, podría llamarse feliz,  se  casara  con la hermana de este; desligándose de toda fe y creencia religiosa impuesta a la fuerza hasta ese entonces, como descelance final.

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El libro devela  una crítica feroz y descarnada a la moral de la época, adentrándose  en los pensamientos más recónditos  de  las clases altas, y a  su  aspiración de riquezas desmedidas, en una Lisboa en  la que todavía persiste la hipocresía de sus habitantes a finales del siglo XIX, en  donde  la  iglesia católica tiene un rol importante en la vida de las personas, y que se han ido trastocando  en sus ideales fundamentales, hasta convertirse en un ente mercantilista, para así obtener los favores de sus   más fieles creyentes. Cualquier seguidor de la parte más ultra-conservadora de la Iglesia de hoy en día “Opus Dei” podría catalogar a esta obra como un libro corrupto y lleno de blasfemias en contra de la institución católica, sin saber verdaderamente lo que se esconde detrás de sus páginas, es por eso que  no debe de ser malinterpretada o juzgada apresuradamente o a la ligera, como un libro de denuncia. Esta obra a su vez está cargada de pasajes llenos de ironía y de buen humor, llevados con buen tino y  elegancia, en el que el viaje  a lugares  santos, se  convierten en un viaje repleto de historia y de bohemia, en el que la pasión de Cristo en el Gólgota, en un sueño de Raposo, cuenta los pormenores de aquel pasaje histórico.

Recordemos que José Maria Eça de Queirós, buena parte de su vida la dedico al servicio diplomático, por eso se debe su gran conocimiento geográfico e histórico, sumado a la buena construcción de sus personajes. En sus cortos cincuenta y cinco años, se ha convertido en una luminaria imprescindible para cualquier escritor en ciernes,  y  su vigencia como literato aún continúa. Es por ende que su obra debe de ser revalorada, especialmente en los países de lengua no portuguesa, en donde no es muy conocida su obra.

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JAY WEST EN LA CIUDAD IMPERIAL

Por: Zavalita.

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El último sábado 27 de setiembre, vagabundeaba por el Mall de la ciudad, y sin ninguna razón  me dirigí al centro de la ciudad, buscando algún ATM o  cajero automático disponible. Hice hora, es decir esperaba a un amigo que se encontraba viendo una película con una chica con quien quería entablar un romance, en síntesis, seducirla.  Pasada la medianoche, sin ningún plan establecido hasta el momento daba vueltas  por el radio del centro histórico. En mi  larga caminata buscaba  algún lugar ávido de diversión, la noche era despejada y el frío no arreciaba, sobre todo cuando uno vive a más de tres mil metros de altura; sin embargo  al comenzar la primavera las cosas  tienden a tomar un cariz distinto.

Prontamente arribo Jasem, nos dirigimos al “Mushrooms” un  pequeño lugar muy recordado en mi adolescencia por mis primeros escarceos nocturnos de pequeño fiestero, aquella noche cobraban vida los sonidos retumbantes de “Underworld”, dicho sea de paso una de los primeros grupos de electrónica de los que tuve referencia al igual que los franceses de Daft Punk.

Más allá de esos recuerdos difusos que guarda mi memoria, el local hervía de gente, muchos de ellos extranjeros; mal entendiéndose  que la música electrónica es solo una música para personas del exterior, sino también es un ritmo musical para la gente de estas latitudes, a la vez esta clase de género  es moldeable y ajustable a diferentes tendencias musicales, es decir se puede fusionar con ritmos locales y propios del país, por ende el movimiento “Raver” comienza a expandirse.

Jay West, es un Dj  Rosarino y sin saberlo, lo encontré realizando unas mezclas espectaculares  en aquel night club.  Al realizar una ligera pesquisa  por la web, encontré mucha información acerca de su trayectoria musical,  Jay West es uno de los djs más reputados de Sudamérica, y sin duda alguna se está perfilando para convertirse en un referente de la escena mundial.

Además de ser productor musical, músico autodidacta y haber sido entrevistado por diversas revistas especializadas de la electrónica internacional, ha participado en cientos de compilados  que lo ha llevado por varias partes del mundo.

Sus beats retumbantes, hacían a la gente enloquecer de emoción, como en los mejores festivales de: Creamfields, Tomorrowworld, y Tomorrowland en Bélgica,  hasta los más pequeños clubes de New York, canciones como: “smile” se  entonaban en la pista de baile, y el autor de esta pequeña nota brincaba como un alma llevada por el diablo. Recodemos que en la electrónica, no se necesita ser un experimentado bailarín, únicamente debes sentir los golpes y el ritmo de la música del pincha discos para comenzar a moverte.

Sus influencias musicales  de Jay West, hacían remitir a los  sonidos setenteros y ochenteros, de lo mejor del house londinense con  algunas reminiscencia del mejor funk americano, también se refieren  a cantantes del Soul americano de la Motown records, la costa este de los Estados Unidos. Sus sonidos son suaves y vitalizadores que aveces llegan al lounge, y sus efectos suaves de Deep house son cálidos y  envolventes, haciendo evocar el ritmo de los Basement Jaxx, Groove Armada y algunas canciones de Moby. Fue una sesión impecable de pura música y baile, prologándose hasta el amanecer.

Soundtrack:

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Gustavo Cerati y Yo

Coliseo Amauta 1986

Me salí fuera de contexto…

Disco Eterno, Soda Stereo.

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Publicado en: La Tundra Magazine U.K

En el  año   de 1986 yo aún no había nacido, pero ese  año Soda Stereo daba su primer recital  en  el desaparecido  Coliseo Amauta de Lima, sus largas cabelleras y sus camperas de cuero hacían remecer  la escena rockera latinoamericana de aquel entonces.  Muchos años después,  me preste un VHS antiguo de un amigo del colegio y observe  a un Gustavo  luciendo un look ochentero asemejándose  a  Robert Smith, mientras ellos concedían  entrevistas a Radio Panamericana, quienes también  trajeron   a  Indochine por estos rumbos,  esta última banda  como  Soda Stereo son las únicas agrupaciones que calaron hondo en el difícil y poco exigente gusto rockero nacional. Los sentimientos son contradictorios y aún encontrados en mí cuando esbozo este pequeño responso a la memoria de un gran cantautor y genio de la guitarra como Cerati, los recuerdos son  difusos con sus primeros repiqueteos de ska,  hasta convertirse en una  banda de new wave o post punk  a  algo  experimental e inclasificable.  Cuando uno realmente es un fan boy  de Soda no  tienen sentido  las etiquetas y las insulsas clasificaciones de las disqueras.  El año 2007 me encontraba  en la Universidad como  un aburrido estudiante  de economía, la televisión  anunciaba su  ansiado regreso ,  en ese concierto la gente coreaba los estribillos de sus canciones  descontroladamente, en el instante eterno que  Gustavo mencionaba que Lima era la “Ciudad  de la furia” enloqueciendo al público con sus gritos y aplausos hacia la banda sureña, esas imágenes  se pueden corroborar  en el espectacular DVD lanzado posteriormente de  la gira “Me Verás Volver” , dicho sea de paso una de sus mejores presentaciones en vivo.  Gustavo Cerati  arribó innumerables  veces a suelo patrio y fue declarado huésped ilustre de Arequipa “La ciudad  blanca” la segunda urbe en importancia, tomándose algunas fotografías al lado del Misti, volcán protector de la ciudad.

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La desaparición física de Gustavo Cerati  o simplemente “Gus” es una pérdida irreparable para el mundo musical, él quizás no sea  muy reconocido por el público angloparlante acostumbrado a otros sentimientos y motivaciones, sin embargo Cerati y Soda Stereo ya se han convertido en referentes fundamentales e indiscutibles de la música, sus canciones se fueron transformando en himnos entonados por toda una generación y serán de igual modo para las venideras. El temblor no ha pasado  para  los habitantes del sur del hemisferio, todos se imaginaban  que el videoclip “Cuando pase el temblor” fue  grabado en alguna ciudad peruana o boliviana, pero en realidad era el norte de la Argentina, lugar de influencia Inca. Ese remesón causado por ellos  no cesara nunca, mientras termino de repasar su magistral plugged grabado por la cadena Mtv con un listado de  canciones inolvidables, siendo  una de sus presentaciones más emblemáticas en toda su carrera en donde los efectos y distorsiones de su guitarra “Jackson” cobraban vida propia. Quedará en la memoria de todos su fieles seguidores  el apoteósico saludo del – Gracias totales- uno de los mejores epitomes de una vasta carrera musical.

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En Octubre No Hay Milagros

Escribe: Zavalita

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Pablo Neruda, Walking Around.

¿Por qué se vestirán de morado? El morado

Es triste y más aún bajo el cielo nublado. Blanco o rojo

Sobre rostros morenos: mejor en cielo gris, bonito.

Oswaldo Reynoso, En Octubre no hay Milagros.

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Octubre es un mes caracterizado por la tradicional procesión del Señor de los  Milagros y los turrones melosos de la Plaza San Martín. Los Hermanos Vega son una de las duplas más creativas del cine peruano, muy comparables: a los hermanos Taviani, a Joel y Ethan Coen, (quienes brindan una visión muy particular del sur de los Estados Unidos), y junto a los belgas Jean Luc y Pierre Dardenne, grandes figuras del cine mundial.

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Clemente (Bruno Odar) es un prestamista ensimismado en su mundo de los empréstitos, él es  prestador como su padre, lacónico, solitario  y  sobre todo muy célebre  por sus aventuras con prostitutas del centro de Lima, sus días monótonos serán abruptamente interrumpidos con la llegada de una pequeña bebe a la puerta de su casa. Esto conllevara a una serie de problemas y exabruptos con el protagonista de esta historia, Gabriela Velásquez (Sofía) fiel devota del santo morado es quién  acude a solicitar el auxilio monetario del prestamista, finalmente optara por contratarla como niñera, soliviantando la vida sin sobresaltos de Clemente.

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Las andanzas de Clemente circundan entre el casco histórico de Lima, sus barriadas  muy semejantes a Barrios Altos y sus casas de tolerancia. El callando agiotista, vagabundea por Lima tratando de buscar a la madre de su pequeña hija, entre las meretrices con quien alguna vez mantuvo encuentros carnales. En el camino se encontrará con Don Fico (Carlos Gassols) un jubilado que ahorra todo su dinero con el frío prestamista y que desea ferviente salvar a su esposa enferma de  los martirios del quebrantado sistema de salud peruano, esta última  se encuentra desahuciada en una cama completamente inmovilizada.

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Don Fico se gana algunos centavos resolviendo los crucigramas de los diarios, cerca del periódico más emblemático de nuestro país “El Comercio de Lima”. Carlos Gassols demuestra una afiatada carrera actoral, encarnando el rol de jubilado desprotegido por el  estado, no por algo es considerado uno de los más renombrados actores nacionales, tanto en el ámbito teatral como cinematográfico.

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La primera escena es violenta junto a la prostituta obesa, donde no se intercambia ningún tipo de palabra, un billete falso de doscientos soles con la imagen de  Santa Rosa de Lima  imposible de cambiar, las personas que acuden a visitar al usurero en busca de dinero, y si se refiere a dinero nadie mejor que Clemente que es- mejor que un banco-,sentencia Don Fico. Además un escenario no menos importante es  la casa antigua que habita Clemente, la bebe, Sofía y la visita inesperada de Don Fico y su mujer. La película tiene un ritmo lento, y  donde la procesión  del Señor de los Milagros pasa desapercibida, los planos y escenas de la película son  llevados con muy buen pulso por sus directores, donde se siente la influencia del director finlandés Aki Kaurismaki un retratista de las clases sociales más desfavorecidas de Europa. Los hermanos Vega reafirman su condición de grandes exponentes del cine peruano y latinoamericano, siendo galardonados con el premio “Una Certain Regard” en el festival de Cannes el año del 2010. Daniel y Diego demuestran su maestría al momento de filmar en conjunto, este último dejo de ser economista para convertirse en director de cine y hace muy poco estrenaron “El mudo”  historia que narra las peripecias  de un juez del Palacio de Justicia. Por otro lado sus filmes son muy bien cuidados y logrados, les auguramos todo el éxito posible en este tortuoso camino que es el cine y mucho más en el cine peruano.

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Trailer:

Soundtrack:

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El Otro

El  Otro

Ensayo De Un Film

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 Escribe: Julio Páramo

A Leónidas Yerovi, poeta y amante…

 “Yo vivo allá en Barranco junto al mar…”

Abraham Valdelomar, en el funeral de Leónidas Yerovi.

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Federico García Lorca.

Hoy  me di cuenta que soy el otro y  un tonto. Un amante siempre será una manzana mordida, un pequeño hombre que  se dedicara a consolar las horas huecas de alguna mozuela desconsolada.

Los viernes la besaba en la puerta de su casa, pero tenía marido. Un marido que la esperaba con la sopa caliente y los hijos hambrientos bajo la mesa. Los días eran míseros como las lluvias esporádicas de abril, en que uno se dedica únicamente a vagabundear y a malvivir  por los últimos  rincones de la  ciudad. Liseth me citaba cada viernes a las seis en punto, cuando la ciudad despedía olor a  pan y a cigarrillos Kent.  La solía esperar debajo de un arco maltrecho cerca de la plazoleta de una ciudad pequeña, para oírle hablarle de poetas y de libros. Ella decía que provenía de otro país, pero su hermoso acento de sierra la dejaba al descubierto.

Yo la veía caminar sola y sin compañía alguna, nunca se refería a su vida privada, me daba besos en las mejillas, tan pronto como llegaba se metía corriendo al pequeño zaguán de su residencia, ella mordía los duraznos de los mercados y comentaba dulcemente los libros que solamente había leído en  los resúmenes de alguna revista, sus mensajes  eran escuetos y vía on-line, las manos las traía raídas de tanto fregar platos debido a su trabajo  de camarera.

Los días de estar solo  se habían quedado atrás cuando conocí a Liseth, de la meliflua voz. Yo era tímido y algo parco, mientras ella no paraba de hablar de los defectos de la gente. Cigarrillos y más cigarrillos fumaba junto a ella, era una locomotora, una fumata blanca del Vaticano nauseabundo, un esperpento de volutas de humo sin rumbo alguno, figuras de caracol sin ritmo, en la ciudad obscura, solamente amantes.

Los parques son  lugares horribles donde se besuquean las parejas al salir del trabajo o de las universidades,  yo me sentía igual que todos los mediocres buscadores de placer, un hedonista impetuoso, displicente al verme desangrado entre sus largos brazos.

En las mañanas revivía, pero llegada la tarde desfallecía,  los atardeceres en las ciudades de provincia son asfixiantes, los pasos son duros e interminables, buscando el suave bolo de un grupa cariñosa, sin ansias y rendido entre las voces de amigos ruidosos de escuela.

Salí corriendo de la reunión a tomar el fresco, la noche lucía descuidada y Plateros se asemejaba al desierto de Gobi, las alucinaciones con imágenes del desierto era recurrentes en mis sueños, mis labios estaban partidos a causa del frío y los malestares eran un nudo en el estómago. Esa mañana salimos de la facultad de empresariales rumbo al parque, el único parque de ese lugar.

Me llamaban Lucas, y vendía al menudeo cigarrillos de contrabando, algunas veces compraba cigarrillos a bajo precio y los camuflaba en cajetillas de marca, a falta de dinero conseguía uno que a otro sujeto de extraña apariencia que tenía guardados en algún almacén del centro cigarrillos “Inca”. Cigarrillos de olor nauseabundo, haciéndome evocar el olor de oficina  de mi abuelo. Mi abuelo me sentaba en sus rodillas, dejándome desordenar los papeles de su escritorio,  me encantaba jugar con su pluma fuente y  con su antigua máquina de escribir marca Remington. Escuchábamos pacientemente los partidos de fútbol en una radiola envejecida, se solía enfadar con los pequeños cortes de transmisión de onda corta, en tanto el locutor de  radio española, gritaba: ¡Gol!

 Mi abuelo me lanzaba por los aires y yo no paraba de reír, dejándome caer en sus suaves manos. El  dejó  de existir  de un infarto un miércoles de ceniza, cuando yo velaba  su sueño, se fue murmurando  historias relacionadas a caníbales de pieles azules y como había naufragado en la selva  del  Marañón, maldiciendo a un sujeto apellidado López.

Bastaba solamente  una llamada  para estar junto a ella, el día que me dejo fue un día de abril un día antes de mi cumpleaños, debido a las incesantes amenazas de su marido. Regresamos al parque en donde se encontraban algunos universitarios ebrios libando licor, todos parecían alegres sin ninguna razón en común, todos lucían camisas a cuadros y pantalones pegados, ellos vestían siguiendo la moda  skater y el pelo engominando brillando en el sol.

Su marido me amenazó de muerte, puso un precio a mi cabeza, ella nunca dijo nada, ni mucho menos dijo que me alejara de ella y de su vida, al parecer era un escollo difícil  de atravesar en su camino, dejándome en el absoluto desamparo emocional. Ese día me puse a beber como un demonio. Lo mejor que puede hacer un hombre es beber cuando no se tiene a nadie, me repetía a mí mismo y así como lo pensé, lo dispuse. Las cervezas eran azules y subían cada vez más rápido  y en cada piteada se iba acortando mi vida.

Su desprecio lo tenía pegado a las pocas carnes de mi cuerpo, su olor a diésel me estremecía el cuerpo, sumado a las cuchillas de afeitar de sus besos, me dejaban  aún más abatido. Bebí todo el día en un parque descuidado alejado del centro, el pasto lucía crecido y con restos de botellas aniquiladas por otros bebedores, las manos las tenía negras y descuidadas,  Sebastián me dijo que estaba hecho un desastre.

Sebastián tenía los ojos rojos de tanto fumar, tratando de encontrar los restos hundidos de un galeón español en el mar Caribe, tenía los  gestos de un hombre rudo entremezclado con la sonrisa de Jean Gabin, nos marchamos de aquel lugar porque no tolerábamos el ron de Jamaica.

-Entiende bien una cosa, las mujeres solo quieren sexo, que te quede bien claro eso, ya no puedes ser el hombre que las acaricia y las besa, porque en el primer momento de debilidad te sacaran de su vida, además imagínate que por cada mujer entre bella y no tan bella, existe algún tipo rondándola y tratando de cortejarla. Así que ya déjate de tonterías y ¡Levántate¡ ¡Hombre! ¡Vámos, se fuerte!

Mira que tengo un plancito en una fiesta de graduación de Derecho.  Ya la noche llegaba hosca con  estrellas tintineantes en el firmamento, el viento resoplaba fuertemente en mi rostro volviéndose cada vez más negro por el frío. Llegamos a una fiesta de apariencia tradicional,   asemejándose a  una de esas celebraciones populares de Paucartambo en honor a un santo.

Sebastián algo mareado dijo con la mirada fija puesta en los míos, mira el de allá sentado a tu frente, quieres ser como él -un pobre  pavo- además se está durmiendo, mira hay muchas mujeres en este lugar, cuando teníamos fiestas en este sitio cada uno se agarraba a una y nos quedábamos en la esquinas abrazados, mira la del asiento del costado, acaba de decir que hace más de un año que no tiene enamorado, entonces ya debe de tener ganas de un hombre, entre los disparos  de saliva y verborrea de Sebastián, me quedé estupefacto viéndolo mover sus labios de arriba abajo  y la pequeña cicatriz que se hizo a los trece años cuando se rompió la ceja montando skate. En ese instante recordaba a todas las mujeres de mi vida desde mi primer beso hasta la triste Liseth.

Mi primer beso los di a los catorce años en una casa humilde cerca del Aeropuerto, ella tenía la piel morena y los labios grandes, estudiaba en un colegio mixto y era coqueta, siempre llevaba un lazo rosa atado a su cabello rizado. Un día de arrebato yo y Eduardo nos fugamos de la misa del colegio, Eduardo por ese entonces ya tenía novia, y yo solamente lo  acompañaba a sus encuentros furtivos con las manos siempre ocultas en el bolsillo, esperándolo  debajo de una morera para dejarlo en su casa. Ese día tomamos taxi hasta una zona de dudosa procedencia, compramos un licor barato, y escuchando The Verve me puse a besarla como un loco, tanto como otros lo habían hecho antes con ella. Luego apareció Anabella de los labios pequeños y de pequeña estatura, Sebastián solía andar con ella  y le gustaba ufanarse de que él había sido el primer hombre en su vida. Yo la bese en una fiesta de quince años bajo complicidad suya, luego hubo una pelea con su enamorado. Después de estar solo por largas temporadas, conocí a Maribel ella se encontraba en cuarto de secundaria, yo por ese entonces había regresado de mi viaje de promoción y me encontraba indefenso, no tenía pareja de promoción e irremediablemente  tenía que llevar a mi prima a la fiesta. Carlos me dijo que conocía a una chica, era de un colegio nacional de mujeres, se llamaba Esther,  bajo la anuencia de su madre acepto gentilmente ser mi pareja de promoción. No la había visto nunca, me puse mi mejor traje, me anude los gemelos y salí con el pelo engominado, vivía en Marical Gamarra, en un departamento de una Unidad Vecinal, tenía los ojos saltones, los bucles recién peinados, y unas pecas en su naricilla,  ella me dijo que le gustaba Andrelo y que de grande iba a convertirse en Aeromoza, la bese el primer día que la conocí, debido a mi falta de experiencia como amante, nos caímos de las escaleras en el momento de la presentación de las parejas de promoción, pasando el ridículo de mi vida. Ella vino a buscarme el día de la clausura del colegio, la vi desaparecer entre la gente porque no me habían galardonado con ningún premio, pasados lo días me  buscó en la Academia, nos besamos en un amplio arco por última vez, llamó a mi casa para terminar conmigo. Entre días felices, me dedique solamente a salir y a jugar con mis amigos al billar, prontamente apareció Fernanda con su ráfagas de color castaño,  mi primera novia formal, era de esbelta figura y tierno rostro, nos solíamos ver en un parque del barrio Magisterial, entre idas y vueltas, sumado a las interferencias de mis amigos, la relación no concluyó a buen puerto, ella me pidió volver, alguien me dijo que se había marchado al extranjero, nunca mas tuve noticias sobre ella. Después de un largo periodo de sequía emocional, ingrese a la universidad, no me importaba nada ni nadie, nadie mas que yo, entrando en un periodo de auto exploración personal.

Conocí a Juana, salimos un día y nos pegamos una borrachera de padre y señor mío, ella era punk, nos veíamos por mi casa o en el local de sus amigos subterráneos, luego yo le pedí que diéramos fin a nuestra relación en buenos términos. Luego apareció otra chica punk con ella conocí el amor y los placeres de la carne, nos tomábamos de la mano y la poseía cerca de un complejo arqueológico de San Blas, ella fue la única persona que lloro profundamente, cuando le anuncie  mi decisión de que iba a abandonarla, pero por alguna extraña razón, nunca congeniamos, había una barrera infranqueable que nos separaba, ella fue la que me maldijo, ya que nadie me iba a amar como ella lo había hecho, lanzándome una sortilegio para toda la vida.

Así pues empezaba otra temporada en el infierno y de absoluta aridez, aparte  de que cada día me iba convirtiendo en un sujeto  más parco y meditabundo. Teníamos grandes fiestas, acudíamos  a distintos lugares y no lograba congeniar con nadie, hasta que una vez conocimos a un par  de mujeres que caminaban solas acompañadas de un licor de mala calidad, bajamos del Fordcito dorado con mi amigos a jugar cerca de un pinball, ellas nos saludaron, nos acercamos y les invitamos un trago, sus nombres no  los puedo recordar, una de ellas me abrazó  sin conocerme, simplemente sabía que le gustaban Los Bunkers, le acompañe hasta su casa, la bese y salieron sus padres, tuve que escaparme raudamente, nos prometimos volver a ver, nunca más apareció. Al transcurrir del tiempo conocí a la Volantina, la bese en el mirador de San Cristóbal, finalmente me involucre con una prostituta juvenil que atendía a jovencitos, nunca me pido dinero, pero desapareció de la noche a la mañana estafando a varias incautos. Hasta el día que conocí a Liseth, una linda mentirosa que desapareció sin decir nada, una vez le dije que la quería pero nunca que la amaba.

Lucas recordaba los amores de su vida mientras, todos bailaban danzas autóctonas, Sebastián le inquirió en el rostro la expresión -Para eso te traigo para ver tu rostro mustio y apagado- Ven vamos a bailar, en aquel instante violento se puso a pensar en toda la gente que alguna vez había pasado por su vida, la mujeres, su madre, la gente de la calle, sus amigos que había perdido, a las personas que despreciaba, a la chica de contabilidad que se quedaba prendida mirándolo y nunca le había  dicho palabra alguna. Sebastián bailaba como un alma posesa, y Lucas pensaba sobre las miles de personas que existían en el mundo, algunos se quedan, otras se van.

Vio su móvil y tenía doce llamadas perdidas de su madre, eran la cuatro de la madrugada,  tenía que marcharse pensó en besar a Violeta siempre la había deseado, ahora que se encontraba ebria y discutía junto a otro tipo acerca del Aeropuerto nuevo que iban a construir en la ciudad, ella le pedía más cerveza y  Lucas le sirvió en su copa. Lucas pensó en desquitarse con ella, llevarla algún lado para hacerla suya y luego olvidarla, por el simple hecho de hacerlo para llenar el hondo vacío de su interior,  para borrar de la  memoria el recuerdo de una mujer casada, contemplaba el escenario como un director de cine, viendo a Sebastián besarse con una mujer obesa, prometiéndole que no iba a decir nada al respecto para no dejarlo en evidencia y sobre todo para no hacer escarnio público frente a sus amigos, cogió su sacó, espero un taxi con el miedo acuestas de ser asesinado o de ser vilmente masacrado, salió de prisa empujando a un tumulto de hombres que se proferían insultos al discutir sobre marcas de automóviles europeos. Bajo las escaleras, abrió la puerta, pregunto la tarifa hasta su casa donde su madre la esperaba preocupada debido a su comportamiento errático y libertino, mientras el coche comenzaba a avanzar las luces pasaban de prisa, en la radio se escuchaba que Corea del Norte desplegaba misiles de destrucción masiva, Lucas se sentía igual que aquella nación subdesarrollada y desprotegida, aislada del mundo bajo el yugo de un desequilibrado, se agarraba las manos, encendió el ultimo pucho que encontró en su chaqueta, mirando inmutablemente  el retrovisor del conductor que lo observaba con cierto desagrado. 

Fin.

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Una Historia a Color

Una  Historia A Color

Por: Julio Páramo.

La lluvia cubría con ligeras gotas grises sus parpados azulinos en charcos inmóviles de virginal pureza, al terminar de  escuchar un waltz de Strauss. La aguja del fonógrafo RCA Víctor, resonaba en un singular latido de corazón; Ofelia sostenía una botella de Scotch entre sus dulces manos, observando todo lo que sucedía a su alrededor, sintiéndose una  reina, admiraba el dibujo del Fox Terrier oyendo el gramófono berliner.

Después de mis clases de rumano, solíamos recorrer las calles abrazados  por la ciudad de piedra. En el instante eterno del  cambio de luces del semáforo, le prestaba mucha  atención a su pequeña nariz y a sus ojos de mariposa, recuerdo a Ofelia caminar al borde  de la vereda con su walkman, dando largos pasos en compañía de Prokofiev.

Al día siguiente me lustraba los zapatos profusamente y me arreglaba el saco para dirigirme a su casa para escucharla cantar como sirena y conversar sobre temas  fútiles, solía mirarla fijamente,  pero las luces de su jardín parecían desenfocarla; le hastiaban profundamente los libros de caballería y prefería leer los tebeos y las historias rosas que por aquellos días escribía en el semanario de la ciudad.

Me ocultaba de ella, cuando dibujaba corazones en el aire, me  situaba  detrás de un árbol para contemplar sus muslos carnosos y abultados, sus senos aspiraban todo el aire de la tarde y sus pestañas se cerraban al momento de voltear las páginas de sus revistas de moda.

Ella decía ¡oh, yeah! Y repetía constantemente ¡oh, honey please! Su voz alcanzaba un tono suplicante para que cambiara el cassette de Boby Vinton por algo más actual, por aquellos días era mi costumbre cargarla por la cuesta de Santa Ana, arrancando suavemente las raíces que brotaban de su pelo. Me quedaba junto a ella todos los sábados viendo televisión o algún enlatado americano, yerto entre sus piernas.

¡Don’t look! Repetía incesantemente cubriéndose con las sabanas  al momento de correr hacia la tina, remojaba sus piernas de leche en agua tibia, cruzándolas delicadamente, para lavarlas con abundante espuma de jabón.

Ella me dejo una tarde roja y comunista, cuando las nubes coloreaban las calzadas de la ciudad imperial.

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La Luna Sin Estrellas

A Gabriela.
Llegué a confundirme con ella,
tanto…! Por sus recodos
espirituales, yo me iba
jugando entre tiernos fresales,
entre sus griegas manos matinales.

César Vallejo

Escribe: Julio Páramo
-¿Cuéntame algo?
Hace mucho que ya no vienes por aquí, repetía Fiorella, recortándole los pequeños mechones  de pelo. Me recuerdas  a mi hermano, hace mucho  tiempo que se fue a Noruega a trabajar, tienes su misma piel, su mirada torcida y sus ojos de serpiente pitón.
Ella lo miraba  de reojo  desde el amplio espejo de su establecimiento, Fiorella se aprestaba a  untarle de  jabón  y  sin ninguna demora pasaba sus dedos anchos y de amplios nudillos por su lánguida tez, sus manos gordas cubrían todo su rostro, y  la brocha resultaba ser un aparato minúsculo entre sus ampulosas manos. Mientras tanto Fiorella entre  dientes partía el guillete. Tienes la manzana de Adán grande como la de un ganso, decía levantando la voz la coiffeur robusta, mientras Javier reía y se veía  complacido por el trato de la mujer gruesa, hojeando una  caricatura de kaliman.
¿Hablas poco, verdad? ¿Eres como la mayoría de los hombres que solamente escuchan? ¿Cierto?
Bruscamente  Javier cerró el comic y se quedo pensado con  la toalla caliente  bajo el gaznate, ahora  brillas como una estrella de cine, volviste a tu cara de bebe, eres un engreído.
Javier salió del Barber-shop con una sonrisa a flor de piel, tenía guardado en el cartapacio unos folletos para venderlos. Era el quinto empleo del mes y tenía que conservar su nueva faena a como dé lugar.
-Perdón, señora le vengo a ofrecer este folleto sobre cómo mejorar su escritura en corto tiempo, tendrá la posibilidad de redactar sus propios documentos y oficios.
-Así no me diga, y le cerró la puerta de un portazo.
-Usted viene de parte de Salazar a espiarme, dígale que yo no le daré ni un centavo me oyó, ni a la india de su mujer.
-pero yo no vengo de parte de ese tal Salazar.
– Por favor marchase o haré  llamar  a la policía.
Javier desconcertado por lo sucedido, trataba  infructuosamente de encender un cigarrillo, eran casi diez cerillos  que se iban cayendo de a pocos en el suelo, en tanto unos tipos descargaban costales de azúcar de la agroindustrial Paramonga, y  se veían tan felices en su ocupación simple y burda, mientras reían al increparse  groserías.
El día era gris y con lluvia como algunos días de las ciudades del interior de los andes, los carros cruzaban raudamente las calles en un ciudad que antes no recorrían  más de cincuenta automóviles por las vías empedradas de  una mañana estéril.
 Aquella mañana Javier  tuvo que lidiar con amas de casa al borde del colapso nervioso, con hombres tuertos, con damas dadivosas, niños mudos  y  con un golpe abrupto en la jaula de un canario australiano.
Recordaba sus días de estudiante de arquitectura, antes de  abandonarlos  por no someterse a las ordenanzas de sus maestros, por sus constantes faltas por quedarse  leyendo a Nabokov, además de  seguir  a su prima para verla besarse con un ruso.
El asma crónica le había hecho abandonar todos sus sueños,  menos el de conseguir trabajos estivales a medio tiempo, su vida tenía que ser de labores temporales y el  de un sibarita a tiempo completo.
María pasaba esplendorosa frente a él, a veces Javier la seguía hasta su facultad de Biología para verla entre microscopios,  sintetizando el ciclo de krebs. Era tan linda, tan paciente y de pómulos salientes que Javier tenía la sensación de atrapar truenos y bailar con ellos en una danza interminable de amperios y  kilowatts.
 Javier se paseaba con las manos en los bolsillos, pensando en la  mejor manera de vender más folletos, aprestándose a subir al primer autobús que cruzara por su ruta. “Señores pasajeros, yo como agente de ventas de la editorial “Nuevo Perú “. Les vengo a ofrecer este sencillo folleto, pero instructivo en  su contenido, en  el que usted señora, amigo estudiante o pasajero podrá aprender de forma clara a redactar varios tipos de documentos desde una simple solicitud hasta petitorios, memorándums y habeas corpus que le serán de mucha utilidad en su vida cotidiana teniendo que prescindir de abogados o de cualquier leguleyo”. Javier vendió cinco de veinte ejemplares, uno le ofreció a un policía de sórdida apariencia y el último se lo entregó  a una maestra de escuela rural.
Javier palidecía de fiebre y su cuerpo perdía voluntad en su lecho, cuando su madre se apresuraba para ponerle compresas frías en su extenuada  frente. Sufría de delirios constantes y su madre le acariciaba los pies.
María pasó entre el medio de una multitud de obreros, mientras Javier la contemplaba de cierta distancia con una diligente mirada. Javier absorbía pacientemente las bocanadas de humo de su chesterfield rojo y sin filtro, las tardes duras y de soledad, se iban consumiendo al  entablar conversaciones absurdas con los pasajeros de algún autobús. Aquella tarde se encontró con Gutiérrez un ex-compañero de escuela, tenía los labios partidos y un triste semblante por haber contraído la fiebre amarilla en uno de sus viajes en búsqueda de oro a la selva, se abrazaron y caminaron sin rumbo fijo, Gutiérrez tosía y tenía olor a senectud,  luciendo como los tipos que había perdido toda esperanza frente a la vida. Gutiérrez habló acerca de la selva y sobre historias de negreros y barones del oro en Madre de Dios, en tanto Javier descansaba apoyado  en un farol vetusto y de poca lumbre. ¡Oh, Juan de Dios! Repetía Gutiérrez el nos salvo de los perros hambrientos de los Mamani, esos indios controlaban  toda la zona, una noche mataron a nuestro centinela de nuestro campamento a palazos, a veces al transitar por la selva nos  encontrábamos con hombres tirados en el fango cocidos a balazos. Javier despertó de su letargo, al percatarse de que ya se había consumido su último cigarrillo. Gutiérrez sacó un chupete de su chaqueta decolorada por el sol. Y ¡plop! Indios bastardos, no lo dejaban a uno laburar tranquilamente, sabes en la selva ¡plop! los mismos aborígenes se convirtieron en unos saqueadores¡plop! Todo es oro ¡plop! Nadie tiene derecho a hacer plata si no eres uno de ellos ¡plop!
Se despidieron cordialmente prometiéndose en encontrarse muy pronto, Gutiérrez bajo su adormecida mirada junto a la de Javier, y le dijo por última vez ¡Cuidate Javi!  A los pocos meses Gutiérrez volvió a la selva, apareciendo muerto a las orillas de un río.
Sus manos frías rozaban los muslos de Roxana Pazos, su mirada sardónica se entremezclaba con la prostituta de rostro prusiano y de mirada infantil en el salón adornado con pinturas barrocas, Javi le asignaba nombres falsos y jugaba con sus prendedores redondos, le decía: Elektra, Mirto, Hipatia, Yocasta…María. Se arrodilló frente a ella, rogándola que no lo abandonara por otro cliente. Sus labios despedían llamaradas purpúreas, y los ojos daban la sensación de desprenderse de sus orbitas. Las embestidas eran fuertes y ella gemía sin descanso, desfalleciente entre sus piernas pulposas; de pronto vino le petite mort y Javi cayó rendido entre los almohadones mullidos, durmiendo el sueño de los  vencidos.
Se puso el jersey azul y se amarró los pasadores, pensando sobre su estancia en aquel lugar, los salones eran  amplios y se encontraban llenos de militares ebrios tratando de acomodarse en los pechos  descubiertos de aquellas mujeres de la vida pública.
 Pidió un volován y se marcho de la cafetería, tratando de encontrar un flirt con cualquier dama de la calle, quedando solamente los escuálidos faroles iluminando la calle, pensando a cada paso  en el tiempo recorrido hasta ese momento, sosteniendo la mirada fija y meditabunda en un anuncio de cigarrillos que le recordaban algunos versos de Jules Supervielle.
Trataba de mala manera de encontrar alguna respuesta a los renglones torcidos de la existencia y el ser, deliraba y se ponía a arrullarse así mismo cantando una canción de Bing Crosby.
La figura de Javi era palaciega y áulica, él se sentía un dandy en medio de tanta incertidumbre y corrupción,  tenìa la obcecada idea de escribir algún texto de cine del que solo se animo a esbozar el título: “Blue Machines And The  Velvet Hounds”. Trama desesperada de la búsqueda del amor y la carencia de afectividad, héroes y vagabundos entremezclados en un departamento de New Brunswick. No conocía a nadie para darle a conocer estos textos, grandes en estilo pero pequeños en la forma de abordar la historia.
Los perfumes baratos le recordaban al auto de su padre,  acompañado  de otra mujer, Javi de nueve años los vio abrazarse y reírse  a ambos tomados de las manos, Javi paso abyecto y a la vez altivo, sin que nada mas le pudiera perturbar en ese instante, a su padre le gustaban las relaciones ocasionales con cualquier polilla resbalosa que se le atravesara en su camino. Esto conllevo a la total insanía de su madre, a su padre le veían recorrer el Club Nacional en su Ford plateado, engalanado y cortejando a diferentes mujeres, visitando los mejores mesones de la ciudad, desde ese instante Javi prometió no tener fe y confianza en ninguna persona de este mundo.
Vas a salir hoy, estas con el pelo engominado y con la ropa de los domingos, le susurraba suavemente a los oídos, su madre  tenía un aspecto deplorable por culpa de su padre. En el fondo eres como él, luces su mismo aspecto vil y traicionero, antes tu padre me rogaba para salir a cualquier lugar, hasta los domingos llamaba a la casa de tu abuela, se ponía de rodillas y me prometía una vida feliz a su lado y ahora mírame como me ves ahora toda desgreñada y sin brillo, yo le di a tu padre los mejores años de mi vida, le regale mi juventud y ahora ves como me paga, ahora se somete a los mandatos de cualquier mujerzuela, le compra joyas y vestidos y para mi nada, no valgo ni un centavo para aquel hombre, su madre se echo a llorar efusivamente en la cama de Javi, sus lagrimas eran lilas, puras de un sonido canoro  casi celestial, pero a la vez eran lóbregas y desesperadas.
Javi cerró la puerta, acomodándose el saco con el cigarrillo  a un costado de la boca, como la foto de Paul Newman que adornaba su espejo, dudaba en emprender la  búsqueda de María, Javi  ya conocía muy bien su dirección y el circulo social en que se rodeaba, iría de frente y sin tapujos para confesarle sus sentimientos, sería un arrebato enloquecido, un desgarrador impulso que lo llevaría al frenesí absoluto, sus días negros se irían en balde para cambiarlos de un color que le sonría a la vida. Sin percatarse y siempre distraído un Fiat lo embistió, arrojándolo al asfalto plomo y se fue dando tumbos hasta la otra calzada, Javi esbozo una ligera sonrisa y cerró sus ojos por última vez.

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La Magia de Pérez Reverte En Pocas Palabras

Escribe: Julio Páramo
Al Caballero del Jubón Amarillo
Arturo Pérez Reverte es sin duda alguna uno de los mejores novelistas de nuestro tiempo. Aunque haya escrito una novela de narcotraficantes, llevada de mala manera a la pantalla de televisión,  como la telenovela cursi y sin gracia”La Reina del Sur”. No hacen del autor un escritor pobre de imaginación, sino que en vez de menoscabar su reputación de literato, reafirman su gran condición como  magnifico fabulador de historias.   
El maestro de Esgrima junto a otras de sus grandes novelas que son: La saga del Capitán Alatriste, El Club Dumas, La Tabla de Flandes o Territorio Comanche. En esta última novela siendo protagonista  del cruento enfrentamiento que se originó en la ex Yugoslavia, una guerra fratricida que degeneró en la muerte y masacre de mucha gente, sirviendo en este conflicto armado como reportero de la televisión española.
 En uno de sus tantos periplos Arturo Pérez Reverte,  tuvo que defender su vida en Eritrea a sangre y fuego. Es por ello que  Reverte es un  viajero incansable como lo fue Hemingway en sus mejores años, sus escritos gozan de una gran vitalidad y son testimonio fiel de su recorrido por el mundo, su obra goza de una vasta e inconmensurable valía literaria, que le valió sendos premios y galardones, como también  de muchas adaptaciones cinematográficas.
Don Jaime de Astarloa es un viejo maestro de esgrima, un héroe de adarga antigua que tiene  bajo sus hombros la pesada cruz de los años, héroe enigmático, que llega a ser un personaje de novela de caballería, un caballero que llega a asemejarse a la figura de un dandy, protagonista solitario y prócer de la historia del “Maestro de Esgrima”. Su único entretenimiento son los libros y  las tertulias en el desaparecido café “El Progreso” y la historia gira en torno a él. Tiene como contertulios a un fanático e incendiario republicano (Agapito Cárceles) quien será víctima de un horrendo crimen y de otro defensor de la causa monárquica, junto a otros amigos suyos que son un profesor de piano en el encendido Madrid de 1868. El mundo de aquellos días está convulsionado, al borde de una  inminente revolución contra la reina Isabel II de España, en donde resuenan las  voces de cambio  que reclaman democracia y proclaman la libertad absoluta, se mencionan los nombres de Juan Prim y Francisco Serrano, personajes importantes de aquella época. El mundo parece ser hostil para Don Jaime de Astarloa, en donde lo más importante es el honor y la honestidad, superando todo plano económico, político y social en una España atiborrada de tahúres y traidores, sumado por la grave crisis económica que azota el país, acaecido  por la pérdida de la última colonia española,Cuba. Aquí se puede apreciar alguna de las líneas más significativas e importantes de todo el libro:
“Retumbó un trueno sobre los tejados de Madrid. Abriendo sus entrañas, el cielo dejó caer un violento aguacero. Al otro lado de la calle se veía correr a los transeúntes en busca de refugio, Jaime Astarloa bebió un sorbo de café mientras miraba, melancólico golpear la lluvia contra el vidrio de la ventana. El gato que había salido a dar una vuelta, regresó de un salto, con el pelo húmedo y erizado, escuálida imagen de miseria que clavó en el maestro de armas el recelo de sus ojos malignos”.
El maestro de Esgrima
En medio del transcurrir de los días pasivos de Don Jaime de Astarloa, en que ya nadie valora su arte como esgrimista, puesto que la gente no ve con buenos ojos aprender un arte obsoleto, como es el arte de los lances a espada. Conoce a una mujer misteriosa de nombre Adela de Otero que entre su belleza y su mirada violeta, despertara en el viejo maestro un sentimiento muerto desde ya hace mucho tiempo, resultando ser una espía y fría esgrimista.
Cada capítulo hace mención a la esgrima como arte, como forjador del temple de las personas. Es por ello que Don Jaime se gana la vida dando clases particulares de esgrima a muchos jóvenes, entre ellos a un viejo amigo el marqués de los Alumbres quien será encontrado misteriosamente muerto.
Novela de tintes policíacos,  en donde se siente la influencia de Dumas hijo y padre, pero mucho más se siente el influjo del gran escritor Benito Pérez Galdos, en el llamado Madrid galdosiano, colofón final de una gran novela, hermosamente llevada al cine por Pedro Olea.

Algunas escenas de la película:

Soundtrack:

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